HIDDEN arts / vol 6 - 2024 / Páginas
1-4 / ISSN: 2603-8749 / ISSN INTERNET: 3020-335X / Depósito
Legal: M-5647-2018
Recibido: 03/09/2023. Aceptado:
15/10/2023. Publicado en febrero de 2024
Para citar este trabajo: García Delgado,
J.M. (2024). Petricor. HIDDEN arts, 6, 1-4.
https://doi.org/10.5281/zenodo.10675771
PETRICOR
Petricor
JOSÉ M. GARCÍA DELGADO
Escuela Internacional
de Doctorado de la Universidad Rey Juan Carlos, España.
Instituto Universitario de la Danza “Alicia
Alonso” de la Universidad Rey Juan Carlos. España
josemanuel.garcia@alicialonso.org
https://orcid.org/0009-0001-7380-2720
RESUMEN
En estas líneas plasmo la sensación de libertad que a mi entender otorga el viaje de crear.
Este camino no es fácil, al
contrario, está lleno de inconvenientes y contrariedades, algunas externas a lo que es el proceso de creación en sí, pero
que inevitablemente están ligadas a él y en ocasiones te
hacen pensar que no existe dicha sensación.
Pero eso es solo un pensamiento,
porque la libertad es decidir y yo decidí
libremente pasar por esta experiencia. En el artículo
describo como fue el nacimiento
de la idea, su maduración y
como finalmente lo pude llevar a término
con su estreno en el Palacio de congresos y exposiciones de
Salamanca en junio de 2022.
PALABRAS CLAVE
Danza; Baile; Folclore; Tradición; Jota.
ABSTRACT
In these lines I express the feeling of freedom
that, in my opinion, the journey of creation gives. This path is not easy, on
the contrary, it is full of inconveniences and setbacks, some external to what
is the process of creation itself, but which are inevitably linked to it and
sometimes make you think that there is no such feeling. But that's just a
thought, because freedom is to decide, and I freely decided to go through this
experience. In the article I describe how was the birth of the idea, its maturation
and how I could finally bring it to completion with its premiere at the Palace
of Congresses and Exhibitions of Salamanca in June 2022
KEYWORDS
Dance; Folklore; Dance Folklore; Tradition; Jota.
Creación Artística
Petricor
“La cultura es lo que nos separa de
los animales y la tradición es lo que nos une como seres humanos”. Gustav
Mahler.
José M. García Delgado
Danza tradicional a escena
La danza tradicional, o como decimos
los bailarines, el Folclore, es la base o el punto de partida desde el que
podemos decir que comienza su andadura la danza española. A partir de ahí, con
el devenir de la historia, nuestra danza evoluciona y se convierte en uno de
los tesoros más preciados e identitarios de nuestro país. Sin este comienzo,
nuestra forma de bailar no sería la misma, aunque por algunos sectores de
nuestra profesión se minusvalore o menosprecie, todos, tenemos que ser
conscientes que es la base de la que surge todo. Este es el principal motivo,
aunque no el único por el que me adentro en la aventura de crear “Petricor”. El
público cada vez ve menos danza tradicional encima de un escenario y lo que no
se ve, no existe o se olvida. Pero sobre todo el público más joven, que en
definitiva es el futuro de este arte nuestro del baile, si no conoce la
existencia de esta rama dancística, no tiene toda la información y se puede
hacer una idea errónea de lo que es la danza española en su conjunto.
Petricor es una pieza de danza
tradicional con tres movimientos y basada únicamente en el ritmo de jota.
Etimológicamente, la palabra petricor se utiliza para nombrar el olor pétreo a
tierra mojada que se produce cuando llueve. Curiosamente, ambas palabras “jota”
y “Petricor” me llevan a crear un simbolismo y un paralelismo que es el que me
hace decidir qué tipo de ritmo utilizar para la coreografía, puesto que
normalmente antes, durante y después de llover huele a petricor; de igual modo,
con la utilización de la jota aúno el pasado, el presente y el futuro de dicha
danza (también podría ser de la danza tradicional en general). Argumentalmente,
la pieza está situada en los años veinte del siglo pasado y cuenta una jornada
festiva que podría suceder en una población cualquiera de nuestra geografía.
La elección de las músicas resultó
ser algo más laboriosa de lo esperado, debido a que no encontraba ninguna
melodía que me inspirara y, cuando parecía encontrar una adecuada, resultaba
que al seguir buscando en otras piezas musicales no encontraba algunas que
fueran interesantes y del mismo estilo, región, interprete o instrumentación.
Realmente, esto fue una complicación hasta que decidí que no tenían por qué ser
todas las músicas de la misma zona ni por supuesto de un mismo intérprete. Fue
entonces cuando pensé, que quizás podría ser interesante aunar varios estilos
de jota en una sola pieza. De esta forma y finalmente, en lo que se refiere a
lo musical, la decisión fue: “Al son del repique” de Eliseo Parra, “Anda
diciendo tu madre” de Santarem Folk y “Mix jotax” de Eliseo Parra. Por
lo que la pieza quedó configurada con una duración de casi 15 minutos,
repartidos como expliqué anteriormente en tres movimientos. El primer
movimiento de 7 minutos, el segundo de 3,50 y el tercero de 4,20. Para crear un
contexto de continuidad entre las diferentes escenas añadí sonido ambiente, del
campo, el repique de unas campanas, agua corriendo etc. Porque de esta forma,
además, se hacía más presente y creíble que todo transcurría en un pueblo.
Proceso Creativo
Para comenzar con el montaje de la
pieza, primero me adentré en investigar y estudiar las diferentes formas y
estilos en los que se interpreta la jota, basándome en la elección musical que
previamente había realizado, que eran músicas de diferentes zonas de España.
Por lo tanto, debía tener en cuenta que se bailan de forma diferente.
Previamente, ya conocía algunas danzas de esos lugares, pero mi intención era
ampliar mis conocimientos para así poder ofrecer de algún modo un leguaje lo
más amplio y variado posible, teniendo en cuenta lo rica en tradición
dancística que es cada provincia del país. Tanto es así, que cada pueblo, casi
cada ciudad, tiene una jota que no se parece en nada a la del pueblo más
cercano. En segundo lugar, crear la partitura coreográfica o sea el diseño
escénico, me resultó complicado, porque lo que no quería de ningún modo era que
la coreografía fuera creada simplemente con parejas bailando, es decir, un
bailador al frente del otro al estilo de algunos grupos regionales; lo que pretendía
era crear algo con las raíces y los estilos de siempre, pero con un carácter
coreográfico profesional sin que se perdiera las señas de identidad del pueblo.
Soy consciente que inevitablemente eso podría pasar, ya que siempre que se
teatraliza alguna fiesta o tradición popular termina estilizándose de alguna
manera. Para conseguir este objetivo, pensé en componer la partitura
coreográfica con unos momentos bailados a la forma tradicional (en pareja)
utilizando el baile suelto, otros momentos el baile agarrado, combinándolo con
otros en los que se bailara frente al público sin pareja. Todas estas ideas
estaban construidas por figuras geométricas: líneas rectas, horizontales,
verticales y diagonales, cuadrados, círculos, aspas, etc.
En la pieza coreográfica intervienen
catorce intérpretes, nueve mujeres y cinco hombres. Me hubiera encantado poder
contar con siete parejas mixtas, pero como bien es sabido, tristemente siempre
hay más mujeres que hombres que bailen, por lo que al final solo pudieron ser
cinco parejas de hombre y mujer y dos parejas de mujeres. Curiosamente, una vez
visto el resultado final, esta situación favoreció al montaje porque quedo algo
menos encorsetado.
El primer movimiento, es el
despertar del pueblo en una mañana de fiesta donde todos están ilusionados y
contentos. Se escuchan los pájaros cantar anunciando la fiesta y, a lo lejos,
el bullicio de las personas que van llegando al lugar de la celebración por dos
calles diferentes, hasta que todos están en el centro de la plaza donde se
realiza la fiesta y bailan. Esta primera parte de la coreografía, esta creada y
basada en la forma de bailar la jota en Extremadura, Badajoz y la zona de la
Siberia, Cáceres, así como Montehermoso. Debido a que la música utilizada es
muy pegadiza y los bailarines siempre estaban canturreando el estribillo, se me
ocurrió que ellos podrían cantarlo mientras bailaban y al probarlo me di cuenta
de que podía funcionar, así que finalmente, decidí incorporarlo a la pieza.
Para el diseño de las luces le pedí a Enrique Pérez Velasco que fue el
diseñador lumínico de la pieza, una iluminación creciente en intensidad muy
poco a poco en colores ámbar. De esta forma, simulaba que la fiesta había
empezado temprano en la mañana, con el sol aún a una altura baja y poco a poco
subía hasta alcanzar su cenit.
El segundo movimiento, sucede a
primera hora de la tarde, la fiesta ha decaído un poco, hay poca gente por las
calles, suenan las campanas de la iglesia llamando a los fieles. Dos de las
mujeres mayores del lugar, se dirigen a misa y se encuentran con una joven a la
que saludan. Mientras hablan, aparece en escena el pretendiente de la muchacha,
que se pone muy nerviosa porque le da vergüenza lo
que puedan pensar las señoras. Estas, entre risas y regaños se marchan. Los dos
mozos se encuentran, dan rienda a su felicidad y bailan su amor. El estilo de
jota utilizado ahora es el Charro Zamorano, que con sus culadas y pasos
agarrados me daban muy bien el pie, para poder crear un juego de roneo entre
ambos. He de decir que en un momento de este movimiento introduzco el estilo
aragonés, pero observé que le iba bien y le daba más vitalidad a la
interpretación. Para este movimiento, la luz es tenue e íntima. Pudiera parecer
que es de noche, pero no es así, pensé en esta tonalidad para crear un ambiente
más propicio en una pareja de enamorados; además, el paso a dos termina con un
apasionado beso bajo un cenital que se va fundiendo poco a poco.
El tercer movimiento, transcurre a
última hora de la tarde, ya terminó la procesión y la fiesta vuelve a animarse.
Entra en escena el novio feliz, contento, roneando y a lo lejos ve venir a un
grupo de mozas del pueblo, amigas de su novia, a las que quiere impresionar. Se
molestan por la actitud del mozo y se la recriminan enfrentándose a él y sus
amigos. Comienzan a bailar, al final todo se soluciona y empiezan a divertirse,
finalmente acaba la fiesta. En esta jota hay una mezcla de estilos de varios lugares.
Esta idea me la proporcionó la misma música elegida para la pieza que es un
compendio de jotas de diferentes sitios, así, que intente
ser fiel a los estilos que la propia música me daba y los utilicé: Ávila,
Madrid, Cuenca y Toledo. La iluminación para esta parte alegre y festiva.
Como curiosidad quiero comentar que
después de todo el montaje, cuando estaba organizando el saludo, introduje un
efecto de luces con sonido de relámpagos y caída de lluvia que los bailarines
interpretan como si se estuvieran mojando de verdad, mientras se van marchando
del escenario corriendo para no empaparse. De esta forma, aúno más gráficamente
lo que expliqué al principio de este artículo sobre el porqué del nombre de la
pieza: uní de algún modo el olor a petricor de cuando llueve, con la danza de la
jota.
Indumentaria
Decidir qué vestuario iba a utilizar
para la pieza fue complicado por varios motivos. El primero, era que la
indumentaria tradicional es artesanal y solo se puede adquirir es en sitios
especializados que además son muy caros y el presupuesto con el que contaba
para la pieza era bastante limitado por lo que ese dispendio sería imposible.
El segundo motivo, fue que una vez decido que el montaje contaría con varios
estilos de jota diferente, surgía el dilema de escoger que indumentaria elegir
si estaba utilizando estilos del sur y del norte a la vez y lógicamente no eran
ni por asomo parecidos. Así que, por estos motivos, descarté de pleno utilizar
indumentaria tradicional para la pieza.
Fue en este momento y por dichos
motivos, por lo que decidí darle un estilo diferente a la ropa de escena del
que la gente asocia con la danza tradicional y, de paso, le daba sin
pretenderlo, un toque diferente y quizás más “moderno” que podría hacer la pieza
más vistosa y llamativa. Entonces un día viendo la tele apareció un vestido
años 20 y me dio la idea. Las mujeres llevan el mismo vestido en tonos verdes,
azules, rojos y granates, añadiendo también una matilla a las señoras que van a
misa en el segundo movimiento. Los hombres, unos pantalones negros camisa
blanca y tirantes, otros con pantalones de cuadros, chaleco y sombrero, otros
con corbata etc., imitando el modo de vestir de la primera mitad del siglo XX.
A modo de epilogo
El baile y la danza tradicional van
más lejos de ser solo eso. Analizándolos podemos saber más profundamente cómo
son las gentes que los practican, su personalidad e idiosincrasia. Podemos
decir, que son un símbolo de identidad del pueblo en toda regla. La danza al
igual que otras expresiones artísticas, desafortunadamente también parece
regirse por modas. Pero la danza folclórica o tradicional parece que no goza de
ese privilegio, esto hace que no se conozca como debiera y por tanto no se
valore lo suficiente corriendo el riesgo de desaparecer. Afortunadamente ahora,
aunque tímidamente, parece que el gusto por lo tradicional está despertando de
nuevo y como era de esperar al público le agrada bastante. Al menos así lo he
podido comprobar las veces que se ha representado la pieza.
Humildemente me sentiré feliz si
dentro de mis posibilidades he podido despertar el gusanillo del baile
tradicional o al menos, la curiosidad de conocerlo en alguien que haya visto
Petricor. Por mi parte he de decir, que intentaré seguir aprendiendo y conociendo
cosas nuevas de nuestras tradiciones dancísticas, para en un futuro poder
transmitirlas y que sigan vivas.
Por último, mi más sincero
agradecimiento a todas y cada una de las personas que me han ayudado y que han
confiado en mi
trabajo.